No recordamos días

Después de mi visita a Bernard, estos últimos días han sido más aburridos (muchos bocetos, pruebas de plegado, sacar cuentas… todo lo técnico) que parece que la emoción que siempre viene con el arranque de un nuevo proyecto se difumina hasta casi desaparecer del todo. Pero ni modo, son necesarios. Así que para no convertirme en la ostra del popular dicho, saqué mis plumillas y mi gouche, me preparé una tinta magenta bastante más alegre que el día (y eso que hoy no ha llovido) y me puse a garabatear por eso de soltar la mano (y la mente)…

Hasta que, cansada de no escribir nada, saqué mi agenda (que es de esas que te ponen frases célebres en las esquinitas del papel) y me puse a buscar algo significativo, algo que resonara con mi estado de ánimo. Y así fue como en la esquina superior derecha del 24 de febrero (qué suerte que la encontré en este mes y no en septiembre…) me encontré con esta frase del señor Cesare Pavese (que, la verdad sea dicha, no tengo idea de quién es).

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Así pues la escribí y de paso me la aprendí de memoria para tenerla a mano para cuando los días amenacen con ser algo menos emocionantes de lo que me gustarían y poder recordar que no recordamos días, sino momentos. Y de esos, hay y habrá, muchos.

 

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